Un olor a rosas silvestres penetró las paredes de mi cavidad nasal en cuanto mis ojos inercicamente se abrieron a la par. Soslayé un leve suspiro intentando mirar de un lado al otro hasta comprender la situacion. Recargué mi cuerpo sobre el aldohadón elevando mi mirada sobre el techo. ¿Donde estaba?, Esa pregunta arremetia mi mente. No conocia aquel lugar. Nunca en mi vida lo habia visto.
Realmente... ¿en que demonios me habia metido?
Una voz tenue y agradable traspasó mis oidos a la par que una sonrisa inocente se formo entre la comisura de mis labios al encontrarme cara a cara con un rostro conocido.
< ¡Bendigo sea aquel muchacho! >
Pensé sin dejar que esbozar aquella peculiar sonrisa que tanto me caracterizaba. A pesar de la emoción que me alboroto por un instante, aún mi mente me jugaba una mala pasada. Me encontraba confundida.
¿Que hacía el delegado en este lugar?
...¿Conmigo?
Necesitaba una explicacion. Con urgencias.
"Uhm.."
Lo miré con un poco de incomodidad entretanto el seguía divisando su mirada sobre mi. Su tez parda fulminaba retumbando delante de mis pupilas las cuales poco a poco lograban dilatarse con su prescencia tan cercana a la mia.
— ¿Estás preguntandote que haces acá verdad?
Aquel muchacho de mechones rubios inquitó elevando unos leves centímetros el menton.
"... Hmm", asenti con la cabeza.
— Te tropezaste con la puerta. Te desmayaste al ver tu propia sangre. Me asuste un poco al ver tu contusión entonces te traje hacia la enfermeria. A penas unos cuantos segundos despues despertaste.
" ... "
Lo miré aun mas confundida.
Con su ayuda logre levantarme del incomodo catre.
— Gracias por todo. Lamento todo lo que te hice pasar.
Vociferé rascandome la parte superior de mi nuca.
— No es nada. Soy el delegado. Sea como sea, es mi deber ayudar a todas las personas que lo necesitan.
Mis mejillas se ruborizaron ligeramente. Avanzando unos pasos logre avandonar la silenciosa habitacion seguida por aquel garrido mancebo.
"Debo de retirarme. Muchas gracias por todo de nuevo"
Agilizando mi paso me adelante.
Aun estaba nerviosa.
Pero podia admitir que todo eso se habia reducido a una diminuta fraccion.
Tenia un nuevo amigo.
¿Acaso ese era un buen inicio?
Todo estaba esclarecido. Y con las cartas sobre la mesa.
Solo el destino pactaria mi destino en ese "nuevo" lugar.
El salon numero 360 estaba practicamente a la vuelta de la esquina.
Armándome de un desconocido valor, atravecé el umbral de la puerta. Respiré profundamente y divisé la mirada alrededor de la habitación.
Todas las miradas se retrataron sobre mi.
Mis mejillas estallaron tan cual una rafaga.
Una irreconocible sensación de bochorno me traspasó los sentidos.
Esa era una nueva batalla.
Una en la cual aquel rubio de dulce mirada no estaria a mi lado.
— ¿Tu debes ser la persona quien fue transferida a esta escuela?
Asentí con la cabeza al oir la interpelacion del profesor.
Aquel hombre sonrió ligeramente.
"Bienvenida, coge un asiento"
Me trasladé hasta el punto donde encontré un pupitre libre.
Coloqué mis cosas sobre este. Acto seguido me dispuse a sentarme.
Todo lo malo habia pasado.
Sonrei para mis adentros al paso que prestaba atencion a la explicacion del pelinegro.
Sin lugar a dudas este dia habia comenzado mejor de lo que yo misma lo hubiece imaginado.
... Un estruendoso ruido penetró la habitación.
Un muchacho de apariencia petulante aparecio de la nada.
"Lo siento, no me di cuenta de la hora."
Siguio su camino ignorando las palabras del educador dirigiendose hacia... ¿mi?
— Mocosa, este es mi lugar.
Me estremecí con tan solo oir sus palabras.
¿Pero qué carajos estaba pasando acá?
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Capitulo I
Una vez mas volvi a maldecir para mis adentros, al paso que mis ojos lentamente iban visualizando el paisaje.
Me dispuse a tragar una larga bocanada de aire en cuanto el auto se detuvo.
― Estas emocionada?. ―inquirió mi peculiar tía logrando hacerme perder de los pensamientos que poco a poco lograban envolverme.
Era acaso una broma?
Por supuesto que me encontraba nerviosa.
Mi corazón latia de una forma acelerada. La respiración era tan palpitante que poco a poco lograba perder mi propia cordura.
Estaba mas que nerviosa. Aterrada.
Soslayé un ultimo suspiro al paso que lentamente me iba alejando de la estancia donde mi familiar yacia.
― Buena suerte en tu primer día que clases querida!!!!
Quiero morir.
Volví a maldecir para mis adentros, al notar como las miradas se alternaban sobre mi.
< No te olvides que aun te quedan 4 años mas en este lugar >
Me gruñó el subconciente.
Por tercera y ultima vez volví a maldecir entre dientes. Y mas que todo, maldecía mi situación de ser la nueva.
Avancé unos pasos adentrandome a la estructura del lugar.
― Usted debe ser Madeleine Lawrence verdad?
Una mujer de mirada amable, vestimenta elegante de aproximadamente unos 55 años de edad apareció ante mi.
Asenti con la cabeza con nerviosismo.
―Bienvenida a la academia Sweet Amoris. Un gusto en conocerla. Soy la directora de esta escuela.
― Mucho-o gusto
Coloqué la mirada sobre el suelo.
El nerviosismo se estampaba contra mi frente.
― Le recomendaría ir a ver al delegado. El le otorgará sus horarios para que su primer día de clases sea agradable.
Asenti con la cabeza alejandome lentamente de aquella mujer.
Mire a los alrededores.
Trague aire en seco.
Donde demonios se encontraba la oficina del delegado.
Porque no le había preguntado a esa mujer??
Cuán estúpida podía llegar a ser.
Yacia en la encrucijada de no saber donde ir.
Soslayé un suspiro profundo y antes de poder rotar mi cuerpo, senti como este lograba impactarse contra otro cuerpo.
―L-lo siento. ―espete con nerviosismo.
Al posicionar mi mirada hacia arriba logró encontrarse con unos ojos color cielo que brillaban con una intencidad poco convencional.
Esos ojos me atraparon por un segundo.
―No te preocupes, los accidentes suelen suceder.
― Igualmente, lo siento. Fue mi error, ando despistada por todos lados.
Aquel muchacho río carismáticamente.
―Eres graciosa y amable. Eres nueva?, es la primera vez que te veo por aquí.
―Si, este es mi primer día. Andaba despistada buscando por todos lados la oficina del delegado y justo de casualidad choque contra ti. Lo lamento de nuevo.
El muchacho volvió a vacilarse.
― Al parecer ya no tienes que buscar mas. Mi nombre es Nathaniel. Soy el delegado.
Me sobresalte por un instante..
― Mucho g-..gusto Nathaniel. Mi nombre es Madeleine... ―espeté formando una sonrisa con la comisura de mis labios.
― Me alegra saber que la "nueva" es una persona tan amable. Espero que disfrutes estudiar en esta escuela. Pero sobretodo. Espero que seamos amigos... bueno. Acompáñame. Te entegrare tus horarios.
Asentí con la cabeza. Acto seguido avanzé unos leves pasos conduciendome al desenfrenado lugar donde se me hubiese ordenado llegar. Mire a mi alrededor, sin poder evitar esconder el nerviosismo que recorría cada fracción de mi cuerpo. A pesar de aquello, debía admitir una cosa. El día no era tan malo como lo hubiese imaginado. Esa sonrisa melosa que aquel muchacho de melena rubia desenfrenadamente hacia estremecer mis sentidos. ― Bueno aquí tienes. El rubio diviso su mirada sobre mi. Otorgandome un pequeño documento. Documento? < Mierda > Había estado tan consentrada en observarlo que ya siquiera recordaba mi razón de estar en este lugar. ―G-gracias. Rote mi cuerpo en directo hacia la salida sin percatarme de la puerta, estampando mi rostro contra esta ultima. < Quiero morir > , pensé levemente. Un ligero dolor en la cavidad nasal me hizo ver estrellas. Una gota de sangre se derramo alrededor de mi dolida nariz. Acto seguido volví a estremecerme al observar aquel liquido recorrer alrededor de mi rostro. La vista se me cego. Lentamente logre cerrar los ojos.
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