miércoles, 4 de diciembre de 2013

Capitulo II

Un olor a rosas silvestres penetró las paredes de mi cavidad nasal en cuanto mis ojos inercicamente se abrieron a la par. Soslayé un leve suspiro intentando mirar de un lado al otro hasta comprender la situacion. Recargué mi cuerpo sobre el aldohadón elevando mi mirada sobre el techo.  ¿Donde estaba?, Esa pregunta arremetia mi mente. No conocia aquel lugar. Nunca en mi vida lo habia visto.
Realmente... ¿en que demonios me habia metido?
 Una voz tenue y agradable traspasó mis oidos a la par que una sonrisa inocente se formo entre la comisura de mis labios al encontrarme cara a cara con un rostro conocido.
< ¡Bendigo sea aquel muchacho! >
Pensé sin dejar que esbozar aquella peculiar sonrisa que tanto me caracterizaba. A pesar de la emoción que me alboroto por un instante, aún mi mente me jugaba una mala pasada.  Me encontraba confundida.
¿Que hacía el delegado en este lugar?
...¿Conmigo?
Necesitaba una explicacion. Con urgencias.
"Uhm.."
Lo miré con un poco de incomodidad entretanto el seguía divisando su mirada sobre mi. Su tez parda fulminaba retumbando delante de mis pupilas las cuales poco a poco lograban dilatarse con su prescencia tan cercana a la mia.
— ¿Estás preguntandote que haces acá verdad?
Aquel muchacho de mechones rubios inquitó elevando unos leves centímetros el menton.
"... Hmm", asenti con la cabeza.
— Te tropezaste con la puerta. Te desmayaste al ver tu propia sangre. Me asuste un poco al ver tu contusión entonces te traje hacia la enfermeria. A penas unos cuantos segundos despues despertaste.
" ... "
Lo miré aun mas confundida.
Con su ayuda logre levantarme del incomodo catre.
— Gracias por todo. Lamento todo lo que te hice pasar.
Vociferé rascandome la parte superior de mi nuca.
— No es nada. Soy el delegado. Sea como sea, es mi deber ayudar a todas las personas que lo necesitan.
Mis mejillas se ruborizaron ligeramente. Avanzando unos pasos logre avandonar la silenciosa habitacion seguida por aquel garrido mancebo.
"Debo de retirarme. Muchas gracias por todo de nuevo"
Agilizando mi paso me adelante.
Aun estaba nerviosa.
Pero podia admitir que todo eso se habia reducido a una diminuta fraccion.
Tenia un nuevo amigo.
¿Acaso ese era un buen inicio?
Todo estaba esclarecido. Y con las cartas sobre la mesa.
Solo el destino pactaria mi destino en ese "nuevo" lugar.
El salon numero 360 estaba practicamente a la vuelta de la esquina.
Armándome de un desconocido valor, atravecé el umbral de la puerta. Respiré profundamente y divisé la mirada alrededor de la habitación.
Todas las miradas se retrataron sobre mi.
Mis mejillas estallaron tan cual una rafaga.
Una irreconocible sensación de bochorno me traspasó los sentidos.
Esa era una nueva batalla.
Una en la cual aquel rubio de dulce mirada no estaria a mi lado.
 — ¿Tu debes ser la persona quien fue transferida a esta escuela?
Asentí con la cabeza al oir la interpelacion del profesor.
Aquel hombre sonrió ligeramente.
"Bienvenida, coge un asiento"
Me trasladé hasta el punto donde encontré un pupitre libre.
Coloqué mis cosas sobre este. Acto seguido me dispuse a sentarme.
Todo lo malo habia pasado.
Sonrei para mis adentros al paso que prestaba atencion a la explicacion del pelinegro.
Sin lugar a dudas este dia habia comenzado mejor de lo que yo misma lo hubiece imaginado.
... Un estruendoso ruido penetró la habitación.
Un muchacho de apariencia petulante aparecio de la nada.
"Lo siento, no me di cuenta de la hora."
Siguio su camino ignorando las palabras del educador dirigiendose hacia... ¿mi?
— Mocosa, este es mi lugar.
Me estremecí con tan solo oir sus palabras.
¿Pero qué carajos estaba pasando acá?

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